
El pasado verano me cayó en las manos la tercera entrega de “Los Tres Mosqueteros”, titulada “Treinta años después” en una edición bastante lujosa y con ilustraciones bastante buenas. Una de ellas muestra unos cuantos plebeyos saqueando un palacio y en primer plano, uno de ellos con lanza y descalzo. Esa imagen me gustó mucho y pensé en convertirla en figura. Me puse manos a la obra y busqué una ambientación que me gustara más (la revolución de la fronda de París no es un tema que me interese mucho) y me encontré con un episodio curioso: la “Guerra dels Segadors o de Separació”.
La historia
Desde el siglo XV Catalunya está enmarcada dentro de la monarquía hispánica de los Habsburgo como un territorio más del gran conglomerado de naciones que conforman el imperio. Cada nación o reino se gobierna autónomamente y sólo se consideran unidas por el simple hecho de que tienen al mismo soberano como señor. A principios del XVII la frontera catalano-francesa es muy inestable y la corona hispánica envía tropas para defenderla. Con el tiempo esas tropas se convierten en una pesada carga para las localidades que las tienen que mantener y soportar. Esta plaga unida a la desidia que muestra el gobierno de Madrid para solucionar los graves problemas económicos, sociales y militares llega al clímax el 7 de junio de 1640 en que Barcelona se levanta en armas. El resto del país la sigue rápidamente y el gobierno catalán declara la república catalana. Poco después los “consellers” catalanes se dan cuenta de que la subsistencia entre dos grandes potencias (Francia y España) es casi imposible y deciden declarar a Luis XIII como Conde de Barcelona y ponerse bajo la protección francesa. Catalunya se convierte en campo de batalla de franceses y españoles hasta que en 1659 se firma la paz y con el tratado de los Pirineos, Catalunya es dividida entre españoles y franceses.

La escena
El 26 de enero de 1641 las fuerzas españolas sitian Barcelona. En un confuso ataque hacia Montjuic algunas unidades se retiran debido a un malentendido. Desde las murallas, esto es tomado como una retirada general y unos cuantos iluminados salen del castillo de Montjuic persiguiendo a los españoles. El pánico se adueña de los españoles y viendo el éxito de sus compañeros, el resto de la milicia catalana carga contra el confuso ejército español, causándole un terrible golpe.
La figura representa este preciso momento, en el que la milicia catalana carga de una manera caótica y alocada contra un ejército muy superior pero momentáneamente aturdido. Se trata de un voluntario de las milicias de la ciudad armado y vestido sin ningún tipo de reglamentación, característica de la época.